¿Cuándo haremos algo de feng shui en casa?, le preguntas al viejo maestro Kun Shen expresando tanto un anhelo como un reproche… Todo este tiempo has estado deseosa de situar móviles, cuarzos, símbolos, colores y plantas en tu casa, todo lo que se presupone usa el feng shui para armonizar tu hogar. Pero Kun Shen siempre ha evadido el tema…

El anciano toma tu cara entre sus manos para que no escapen tus ojos a los suyos: ¨Creía que lo habías entendido¨ -susurra-… ¿entender qué? –te preguntas molesta-. La situación te ha puesto nerviosa, te sientes otra vez como en los exámenes de la escuela.

¨Tu casa es perfecta¨ dice el anciano, ¨es ideal, tiene una armonía fabulosa… no le hace falta que hagas nada, solo aprende de ella… es todo lo que necesitas hacer¨…

Cuanto más escuchas, menos entiendes. ¨Mi casa es pequeña, poco soleada, y me agobia!¨ le espetas, pero el viejo te interrumpe: ¨Eso no es cierto… Cómo puede saberlo -le reclamas-, nunca ha estado en ella. Tu casa y mi casa son la misma casa -dice el anciano mientras se da la vuelta dirigiéndose a su cabaña; desde el quicio de la puerta añade: toma en cuenta lo que te he dicho, y el tiempo que necesites…

Cuanto más reflexionas sobre el acertijo del maestro, más confuso te parece todo… Es obvio que mi casa no es la maravilla que el viejo presupone –te dices-; no la conoce, cómo puede opinar… ¨Tu casa es perfecta¨ resuena en tu cabeza como un eco incesante, y molesto, muy molesto… Piensas y piensas y piensas… y nada se esclarece…

El Sol baja por el camino de poniente hacia un paraje donde la tierra es cálida. Te te tumbas sobre ella y te abraza el calor con ternura, ruedas sobre tus costados, lentamente, y mientras, giran contigo los aromas del romero y el tomillo, y el sonido de la fuente que no está lejos, y la brisa de los árboles, y la música de su hojarasca… todo te cobija, todo te cuida, y te diluye y te hace grande…

Das una vuelta más sobre la hierba y quedas boca abajo, brazos extendidos, como queriendo devolver el abrazo al planeta … tu vientre relajado, y tus músculos, por fin dejan de estar en alerta, y respiras profundamente la vida que regresa a tus pulmones… y es entonces cuando lo entiendes, cuando todo se aclara, cuando todo es perfecto… y la felicidad te inunda por el descubrimiento…

De un brinco te sientas y ves al anciano sonriendo junto a la fuente, como si todo hubiese sido una treta para facilitar tu descubrimiento. ¨Pensar y sentir no llevan a lo mismo¨ – te dices-…

Te despides con la mano del maestro y comienzas el camino de retorno, siguiendo el ocaso del Sol… la humedad se está despertado, su olores crea profundidad en lo que ves… y en el camino que serpentea te abrazas a un árbol que ríe contigo, compartiendo tu descubrimiento… el búho te llama a lo lejos, y la oscuridad, ya ha desplegado sus alas dejando solo una brecha multicolor entre mundos…

Te sientas al cobijo del árbol, preparas tu abrigo, te quitas los zapatos, dejas las llaves en la hierba y apagas el móvil… ¨por fin estoy en casa¨ te dices… y como dijo el anciano maestro, es perfecta, no le falta nada… y te duermes para despertar al otro lado, junto al árbol cósmico repleto de senderos y susurros…

PROPUESTAS PARA LLEGAR A CASA

Aquí tienes unas pequeñas acciones que se puedes incorporar al quehacer diario, y que te pueden ayudar a volver a casa:

– Ver el Cielo con regularidad -activa los puntos de acupuntura en la base del cráneo Columna celeste y Ventana del Cielo para encender el alumbrado cósmico-.

– Abrazar los árboles y acariciar a los animales, para recordar algunos parientes mágicos lejanos y muchas veces olvidados.

– Caminar descalz@ sobre la Tierra, para sacarle brillo al suelo común y compartir el espacio.