A los 16 años me trasladaron a una escuela lejana a la que me llevaba  media hora llegar… había  autobús, pero me gustaba caminar atravesando los nuevos bloques de pisos que iban extendiendo la ciudad industrial de Sabadell,  hasta llegar a los campos abandonados de las antiguas masías, donde todavía se cultivaban pequeños huertos. En medio de los campos, vivía Llum de la Selva, un anciano anacoreta que habitaba una pequeña cabaña y una huerta con un clan de árboles frutales que se conocía como El jardín de la amistad.

Fueron años de descubrimientos: me interesaba la Naturaleza, era excursionista y espeleólogo y me fascinaba leer sobre China, el taoísmo y la acupuntura; al anciano Llum bien podía ser un personaje de los relatos taoístas… lo visité en varias ocasiones mientras me daba cuenta como al Jardín de Llum lo iban cercando cada vez el hormigón y el alquitrán …

No solo era una presión para el anciano, la ciudad recluía la gente que venía del campo en unas decenas de metros cuadrados en edificios verticales. La cabaña de Llum era pequeña, pero la amistad vivía en ella, y la gente lo sabía y llegaba para aprender en aquel jardín microcósmico.

La cabaña de Llum era muy austera, una barraca , como se llamaba entonces a las autoconstrucciones. No tenía piscina, pero un día de inverno, lo encontré sumergido hasta el cuello en un tonel con agua helada exhalando el vaho del amanecer que se confundía con las columnas de humo que las fábricas producían y que ahora llamamos estrés y ansiedad. Siempre me pregunté cómo sería vivir en la cabaña, un espacio tan reducido y amenazado por la industrialización. Una noche, caminando las palabras del Tao Te King, el anciano taoísta Lao Tze decía: ¨Desde mi cabaña viajo por el Cosmos¨… y me dormí soñando con eso…
Ahora fijaos cómo estamos… Imagino que Llum y Lao viajarían por el universo a pesar del confinamiento, pero la mayoría se sienta en el sofá con Netflix, y sin El jardín de la amistad, donde comía sano compartiendo el atardecer al calor de una buena conversación. Paradójico que unos metros cuadrados puedan simultanear la reclusión y la expansión infinita…

El confinamiento ha cambiado la vivienda, aquel el hogar del que se salía temprano para ir al trabajo o a la escuela y al que se regresaba para el reencuentro y el descanso… donde cada habitación definía los quehaceres: sala de estar, el dormitorio y el comedor…

Estas semanas, hemos visto transformarse dormitorios en salas de juegos o estudios, habitaciones de invitados en escuelas, salas de estar y comedores en oficina, los balcones en bares solitarios o los pasillos en gimnasios… Con el parón, la geometría ordenada de la casa ha dado paso al espacio multifunción.

Todavía no se anticipa el final del confinamiento cuando ya prevén réplicas para otoño e invierno… cuando toque salir, nos esforzaremos a ser más distantes y nos recluiremos más… Nuestras opiniones sobre lo que sucede se programan en pantallas de TV, ordenador y smartphone, con menos experiencia directa y contrastada… la vida que más tiempo nos ocupará, será en pantallas de teletrabajo, teleformación y telerelaciones … Ese es el plan mundial… No sé si Lao Tze escribiría en su libro ¨desde mi casa me teletransporto por todo internet¨…

La vivienda siempre será importante para descansar, reponerse y compartir cercano, y quizá se irá transformando en nuestro ¨contenedor principal ¨, allí donde probablemente pasaremos más tiempo durante los próximos años. Se reconvertirá a la vez en refugio, lugar de trabajo y centro de estudio… y habrá que aprender a gestionarlo mejor para que no se vuelva en contra, complicándonos la salud física y el equilibrio emocional.

Por ello la importancia de rescatar la cultura del espacio sano y vital que aportan visiones como la del Feng Shui, para que la casa bien armonizada os cuide y resguarde de los posibles efectos desvitalizantes de los campos electromagnéticos y las geopatías, entre otros factores energéticos.

Desde el Taller del Hábitat os podremos ayudar, no sólo con un estudio del espacio para armonizarlo y vitalizarlo, sino también a diseñar ambientes compartidos que disipen tensiones y ayuden a equilibrar las emociones.

Y para los que anhelan la Naturaleza en grande, podemos ayudaros a que vuestra casa se aproxime a los routers cósmicos de Llum de la Selva y Lao Tze, y quien sabe… igual no falta tanto para reencontrarse en el Jardín de la amistad.

Hagámoslo fácil, simple y divertido mientras vamos aterrizando sueños.

José Manuel Chica

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